Secreta pasión por el horno

El red velvet lo hice para un cumpleaños de mi mami.
El red velvet lo hice para un cumpleaños de mi mami.

Muuuchas veces me han dicho que no tengo el tipo de meterme a la cocina, pero viviendo sola o con amigas o con mi familia, es un placer estar en esta área de la casa y usar el horno o simplemente una sartén para preparar desde unos deliciosos hot cakes “from scratch”, o sea, nunca de cajita, hasta algo un poco más elaborado, de preferencia postres.

Este pay de guayaba siempre tiene éxito :D
Este pay de guayaba siempre tiene éxito 😀

El gusto por el horno lo tomé de mi abue, la mamá de mi mamá, y con quien compartí muchos de mis momentos favoritos cuando vivía en Gómez Palacio, en mi niñez. Su cocina grande, en una céntrica casa antigua, muy seguido tenía ese aroma que desprende lo que se está preparando en el interior de la estufa, ya fuera algo tan sencillo como semitas o bisquets, no podían faltar las empanadas rellenas de mermelada y, obviamente, me dejaba ver cómo hacía paso por paso diferentes pasteles de los cumpleaños con su delicioso betún de chocolate (y siempre me dejaba comer lo que quedaba en los bowls que desocupaba, no sin antes advertirnos a mi y a mi hermana que un día se nos pegarían las tripas de comer la masa, así, cruda).

Con tan buenos recuerdos, un día empecé a hacer hot cakes los domingos cuando vivía con mi hermana, a quien de cariño le digo la Pinky, y ella me dejaba hacerlos. De ahí, después pedí una de las recetas de mi abue, del pastel que lleva jugo de piña. Después de que falleció busqué en sus libros y apuntes de cocina y le bajé la de las empanadas de cerveza (deliciosas) y otras cuantas más. Pero mi punto débil era el decorado, así que un buen sábado me metí a un curso de decoración para perder el miedo a usar la duya.

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Mi sobrino/ahijado Leo quería un pastel de fondant e hice el intento con el tema de Minecraft, su videojuego favorito de ese momento.

Fue maravilloso descubrir la técnica detrás de diferentes betunes, la elaboración del caramelo, la manera de decorar desde un tranquilo pastel con betún “espatuleado”, que está muy de moda, pasando por cupcakes para diferentes ocasiones (hice uno para babyshower, que no me hizo feliz) y el punto culminante fue un pastel de boda de 5 pisos, precioso. Con ese curso se me abrieron otras curiosidades, pues me dieron ganas de aprender a usar el fondant, y luego quise experimentar con el pay de guayaba, que me toma casi 4 horas, pero es siempre uno de los que más me “chulean”.

Mi madre sagrada, la Holly, siempre me exige un pastel para su cumpleaños y un día le preparé un “Red Velvet”, que es más bien chocolate pintado de rojo, pero que sabe delicioso con los frutos rojos que lleva dentro. Leo, mi sobrino, un día me dijo que quería un pastel de betún “durito”, o sea, quería algo de fondant, así que pregunté el tema de la fiesta y como era Minecraft, me puse a buscar en Pinterest y encontré uno que me encantó para él, ¡pero cómo sufrí con ese fondant!

Ahora, al pasar de los años, me doy cuenta que tengo mis favoritos (el de plátano nunca lo dejaré de hacer) y tengo otros de batalla, para quedar bien, pero siempre los hago sólo por el placer de estar frente al horno y porque quisiera pensar que mi abue, desde el cielo, tiene una sonrisa de oreja a oreja al ver a su nieta mayor haciendo lo que a ella tanto le gustaba.

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