El encanto de Bergdorf Goodman

Aparador con tendencias de Otoño. Ese estampado de Valentino me encanta.
Aparador con tendencias de Otoño. Ese estampado de Valentino me encanta.

“Bergdorf qué?, suena a grosería”, respondió Ever, uno de mis grandes amigos, después de que envié un mensaje con mi ubicación a uno de los grupos que tengo en el Whatsapp.

Yo me refería a Bergdorf Goodman, uno de los almacenes con más prestigio no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. El edificio construido a principios del siglo 20 en plena Quinta Avenida de Manhattan, entre la 57 y la 58, es hechizante desde antes de entrar pues sus aparadores son famosos por su espectacularidad y porque reflejan el estilo de la temporada, y los diseñadores del momento.

En la planta baja empieza la emoción al entrar en contacto con accesorios femeninos como bolsas, mascadas, lentes o la boutique de Chanel. Conforme se suben los niveles te topas con corners de marcas y diseñadores top, el calzado que seguramente Carrie Bradshaw no podía resistir, la ropa para las pequeñas y futuras fashionistas, mobiliario ideal para un departamento de lujo y accesorios que seguramente le dan un brillo más intenso a la decoración navideña.

Siendo honesta, creo que me quedo corta en este espacio con mi descripción de la tienda, pero el documental Scatter my Ashes at Bergdorf’s (2013) da una muy buena idea de lo que muchas celebridades, socialites y gente de la realeza sienten al estar en el interior del almacén que es de los que más facturan a nivel mundial, tan sólo después de Harrod’s, en Londres. Simplemente, para un diseñador significa estar “en las ligas mayores”, pues no cualquiera es bienvenido a exponer sus creaciones en Bergdorf.

Resistiendo el shopping

En mi último trip estaba curiosiando en esta tienda, pero como mi prioridad del momento es adquirir un departamento decidí que mi viaje a Nueva York sería lo más controlado posible, lo que significa no gastar en NADA que fuera de algún diseñador o marca reconocida. ¡Trauma total! Estar en esta tienda fue como cuando un alcohólico entra a un bar, pues me pude volver loca con los tenis de Chanel, vestidos de Dior, Gucci o Burberry Prorsum, incluso unos lentes de sol de Miu Miu me coqueteaban.

“¡Ayuda!”, escribí a mis amigos. “¡Estoy a punto de comprar en Bergdorfs!”. Las respuestas de apoyo no se hicieron esperar. De inmediato me dijeron: “Cristy, piensa en tu depa”… “No lo hagas”… “Sal de ahí inmediatamente y vete a un H&M a la de YA”. Pero aunque ese día me salí con rostro triunfante y un poco de frustración por no ser una millonaria despilfarradora, un par de días después regresé con mi BFF Ana y juntas nos divertimos por todos los pisos, tomamos una copa de champaña en el área de zapatos, nos topamos con un rack de prendas en oferta que no tenían nada de interesante (ni de barato) y salimos de ahí muy contentas porque nuestra única compra fue (a precio regular) en el último piso,  donde hay un tragaluz en el techo que te deja ver los rascacielos y el cielo azul.

Nos atendieron como si fuéramos de la realeza, nos preguntaron si íbamos a pagar con la tarjeta del almacén, pero en lo personal sólo saqué una MasterCard y pedí que mi adquisición estuviera bien envuelta pues iba a viajar en avión a México y quería que llegara en buen estado.

¿Qué compramos? Tendrán que ir a la tienda, vivir la experiencia y adivinarlo.

 

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